José dulcísimo y Padre amantísimo de mi corazón, a ti te elijo como mi protector en vida y en muerte; y consagro a tu culto este día, en recompensa y satisfacción de los muchos que vanamente he dado al mundo, y a sus vanísimas vanidades. Yo te suplico con todo mi corazón que por tus siete dolores y goces me alcances de tu adoptivo Hijo Jesús y de tu verdadera esposa, María Santísima, la gracia de emplearlos a mucha honra y gloria suya, y en bien y provecho de mi alma. Alcánzame vivas luces para conocer la gravedad de mis culpas, lágrimas de contrición para llorarlas y detestarlas, propósitos firmes para no cometerlas más, fortaleza para resistir a las tentaciones, perseverancia para seguir el camino de la virtud; particularmente lo que te pido en esta oración (hágase aquí la petición) y una cristiana disposición para morir bien. Esto es, Santo mío, lo que te suplico; y esto es lo que mediante tu poderosa intercesión, espero alcanzar de mi Dios y Señor, a quien deseo amar y servir, como tú lo amaste y serviste siempre, por siempre, y por una eternidad. Amén.
Espacio dedicado a San José, donde compartiremos oraciones, devociones y todo lo relacionado a este gran Santo.
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domingo, 26 de octubre de 2014
sábado, 31 de marzo de 2012
Presencia del Santo Custodio en la Fe de la Iglesia
PRESENCIA DEL SANTO CUSTODIO
EN LA FE DE LA IGLESIA
La presencia de San José en la Iglesia es abundante y
fecunda, por lo cual constantemente se ha recurrido confiadamente a su
especial protección de múltiples formas, hasta el punto que hace más de
cien años el Papa León XIII exhortó al mundo católico a orar y obtener
la protección de San José proponiéndolo como patrono de la Iglesia
Universal en virtud de “aquel sagrado vínculo que lo une a la Inmaculada
Virgen María”.
Pero no sólo la Iglesia Universal por medio del Papa León XIII lo ha
consagrado como su protector, también cuatro naciones enteras se han
puesto bajo su especial cuidado invocándolo como Patrono Oficial:
Bélgica, Canadá, China y Perú.
Su ejemplo y protección son garantía de una intercesión segura, como
nos lo indicaba el Papa Juan Pablo II: “Además de la certeza en su
segura protección, la Iglesia confía también en el ejemplo insigne de
San José; un ejemplo que supera los estados de vida particualres y se
propone a toda la Comunidad Cristiana, cualesquiera que sean las
condiciones y las funciones de cada fiel”. (Ver Juan Pablo II,
Redemptoris Custos n. 30)
Es así como surgen en la devoción del Pueblo de Dios ultitud de
personas, de múltiples condiciones, oficios y estados que se ponen bajo
su especial protección.
San José es venerado además como el Patrono de:
- Los Padres de Familia
- Los Trabajadores
- Los Obreros
- Los Carpinteros
- Las Personas Vacilantes
- Los Viajeros
- Los Moribundos
- La Buena Muerte y
- La Justicia Social.
viernes, 16 de marzo de 2012
José de Nazareth, en el Centro de la Historia
¿No es pretencioso situar a San José en el centro de la historia del
mundo? En realidad, ¿qué sabemos de él? Podríamos decir, empleando
conceptos de hoy, que su documento de identidad no contiene ningún dato
interesante. No se sabe ni el lugar ni la fecha de su nacimiento. No…
jueves, 15 de marzo de 2012
Devoción a San José
UNA DEVOCIÓN QUE NOS HACE MUCHO BIEN:
LA DEVOCIÓN A SAN JOSÉ
La experiencia
enseña que quién vive junto a un horno que tenga altísima temperatura
necesariamente se conserva con mayor calor que los que están retirados
del fuego, y que una tela que se adhiere a un perfume finísimo adquiere
también su suave aroma. San José vivió durante muchos años junto al más
alto horno de caridad que ha existido en la tierra que es Jesucristo, y
junto a la Madre de Dios que siempre ardió en amor hacia Nuestro Señor y
en caridad hacia los demás. Y nadie como ellos dos ha exhalado tan
exquisito perfume de santidad. Por eso necesariamente San José tuvo un
altísimo grado de amor a Dios y de caridad hacia el prójimo y se
contagió con la santidad de Jesús y María. Imposible que quien se acerca
a un grande incendio no participe del calor de sus llamas. ¿Y qué mayor
llama de amor sobrenatural puede haber que el que ardió en los
corazones de Jesús y María? Y José estuvo allí junto a ellos mucho
tiempo.
Cuando Dios confiere a una persona una responsabilidad especial le
concede por justicia las cualidades que necesita para ejercer el oficio
que se le ha encomendado. Y a San José le encomendó Nuestro Señor la altísima responsabilidad de ser el custodio de los dos más grandes tesoros que
el Creador ha enviado a este mundo: El Hijo de Dios y la Madre del
Redentor. Por lo tanto sin duda alguna le concedió al Santo Patriarca
todas las excelsas cualidades que necesitaba para una responsabilidad
tan delicada e inmensa.
Intervenciones admirables.
Son muchas las maravillas que se cuentan acerca de las intervenciones
que este gran santo ha hecho a favor de quienes se le encomiendan con
fe. Concede ayudas en lo espiritual y en lo material; consigue luces e
iluminaciones del cielo para poder resolver problemas y dificultades, y
se convierte en un magnífico director invisible para enseñar a orar y a
meditar. Si alguien no tiene quien le enseñe a orar y a meditar que se
encomiende a este poderoso santo y verá resultados que superan todo lo
que esperaba.
Cristo le demuestra su gratitud.
Si Nuestro Señor concede tantísimos favores a sus devotos por
intercesión de los demás santos, por haberle sido ellos tan fieles en
esta tierra y haberle demostrado tanto amor, ¿cuántos más favores
concederá por intercesión del que por 30 años se dedicó día y noches a
atender, proteger, ayudar, amar y hacer felices a Jesucristo y a su
Santísima Madre? Jesús que es el mejor de los hijos ¿podrá dejar de
recompensar eternamente a este padre adoptivo suyo que no hizo sino
amarlo e interesarse por él en esta tierra? Cristo tiene en el cielo las
mismas cualidades que tenía en la tierra. Y aquí amó y apreció
inmensamente a San José. Por lo tanto en el cielo lo sigue amando y le
concede cuánto le pida para nosotros.
Un favor especial.
Santa Brígida y San Bernardino se Siena propagaron mucho la devoción a
San José, y estos dos santos recomendaban que le pidamos a tan amable
Patrono una gracia muy especial: que nos enseñe a amar a Jesús como él lo amo.
Algo digno de envidiar.
San Juan evangelista recostó su cabeza sobre el Corazón de Cristo en la
Última Cena. Esto es algo que merece una santa envidia. Pero San José
tuvo a Jesús niño sobre su corazón muchas veces, en sus brazos por mucho
tiempo y en su casa hasta los 30 años. Que felicidad digna de santa
envidia.
Agradable experiencia.
Al tratar con personas fervorosas se logra constatar que no se
encuentra alguien que le tanga devoción a San José y le demuestre que
sí lo ama y confía en él, y que no aproveche y crezca en la virtud. Son
asombrosos los favores que se reciben encomendándose a él y los peligros
de que se logra librar. Basta hacer la experiencia de rezarle con
devoción, y pronto se nota cuán provechosa es esta devoción. Otros
santos tienen especialidad para ayudar en determinados asuntos, pero a
San José le ha concedido Dios la especialidad para ayudar en toda clase
de problemas. Los santos son grandes porque obedecieron a Cristo. San
José es grande porque Cristo le obedeció a él.
Gran santidad.
El evangelio dice que San José era ya justo antes de casarse. ¿Cuánto
más santo llegaría a ser al vivir junto a la más santa de las mujeres y
al que es santísimo por excelencia Cristo Jesús? San José: pídele a
Jesús y María que nos conceda la gracia de amarlos a ellos como tú los
amaste, y de lograr llegar a ser santos. Amén.
Tomado del Libro: "El combate espiritual" (cap. 46), P.Lorenzo Scúpoli.
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